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"Diversas formas de expresión en el Arte"

LOS SIMBOLOS COMO MEDIADORES

Todo objeto o hecho no es simbólico en sí mismo, sino que son nuestras experiencias y las vivencias asociadas con ellas las que le otorgan ese carácter. Es decir que, el símbolo es variable de acuerdo al tiempo y a la cultura.

Los símbolos tienen gran importancia en las culturas primitivas y también en los niños, porque consideran que la asociación de ideas está unida a una concepción mágica del mundo.

Cada símbolo tiene una pluralidad significativa, ésta nunca es caprichosa (inventada azarosamente por la fluida imaginación del observador), sino que su significado simbólico siempre estará unido al qué y al cómo es el objeto o hecho que lo origina.

La serpiente puede representar la vida por la forma en que cambia su piel periódicamente y puede, al mismo tiempo, representar la muerte porque su picadura es letal.

Si intentamos conocer un símbolo debemos tener en mente que no lograremos entenderlo por la vía racional, sino que nuestra apertura debe estar orientada hacia un nivel de comprensión diferente. Si permitimos que esto suceda, comprobaremos que las imágenes que surgen estarán llenas de emociones y significados, siendo la mayoría de ellos opuestos o complementarios entre sí.

Existen patrones, en la formación de símbolos, que se repiten a través de distintas mitologías y que se expresan como imágenes primordiales desde la prehistoria.
Un símbolo puede tener, según las culturas, significados diversos y hasta opuestos. De manera inversa, un mismo significado puede ser alcanzado por distintos símbolos.

Debemos considerar, al mismo tiempo, que el símbolo mantiene oculto un misterioso enigma. De ahí que se diga que todo símbolo tiene conjuntamente el poder de revelar y ocultar un secreto, de encubrir una realidad compleja, fuera de toda forma de expresión verbal que no es posible comunicarla

Los símbolos actúan como mediadores, que nos permiten captar algo abstracto a través de una forma concreta. Por esto, cada símbolo tiene la particularidad de descubrir y encubrir simultáneamente. Nos revela dimensiones que de otra manera serían imposibles de intuir y puede estar más allá de lo que nuestra conciencia pueda llegar a captar.

Si comprendemos que un objeto adquiere una dimensión simbólica en base a “lo que es” y a “cómo es”; nos daremos cuenta fácilmente que, por tal razón, necesariamente tiene no solamente significados opuestos, sino también muchos significados.

Si queremos investigar un símbolo cualquiera o, diciéndolo con mayor precisión, una estructura simbólica como la espada (muerte – agresión – defensa) o el color rojo, (sangre, vivacidad, pasión, color) podemos comenzar a estudiar las diferentes estructuras que lo componen.

Cuando comenzamos a tomar conciencia de nuestros universos simbólicos, personales y colectivos, empezamos a entender muchas de nuestras acciones y reacciones instintivas, así como también el origen de numerosos credos y miedos.

En síntesis, el simbolismo del agua puede expresar un proceso de purificación, también el origen de algo que está por surgir o un momento de destrucción (maremotos, tifones); el principio del bien y del mal nacen en el mismo momento.

Estas “redes de relaciones” se establecen por la reciprocidad que existe entre el mundo material y el espiritual. De tal manera se puede asociar al agua con la luna, la vegetación, la germinación, la mujer, etc.

Esta riquísima posibilidad de múltiples significados, es la que nos permite alcanzar comprensiones que nunca hubiésemos alcanzado desde nuestra mente racional.

No debemos confundir el símbolo con la metáfora. Si bien la metáfora nos conduce a otra realidad, ésta pertenece de hecho a nuestro mundo circundante y no a algo desconocido. Sucede que, cuando se usa una metáfora, se intenta establecer una comparación con el fin de profundizar un significado comparativo. Si se dice: “Este guerrero es un león” se equipara la fiereza de ese guerrero con la del león. Pero la ferocidad de un león y el guerrero son algo por todos conocidas, no nos remiten en ningún momento a otra dimensión. © 2003


Susana Weingast




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